lunes, 27 de enero de 2014

Marche un fecaaa!

Además de darte ese impulso indispensable para comenzar el día, el café podría tener efectos beneficiosos sobre tu memoria. Si eres de los que olvida hasta de su propio número de teléfono móvil, ¡presta atención!

Buenos efectos del café para tu memoria

Un nuevo estudio publicado en línea, hace pocos días, en la revista científica Nature Neuroscience reveló el impacto que la cafeína tiene sobre la memoria. De acuerdo con los investigadores de la Universidad Johns Hopkins, esta sustancia aumenta la capacidad de retener ciertos recuerdos hasta 24 horas después de haberla consumido. Búscate un café, ¡y sigue leyendo de qué se trata! ¿Te acuerdas…? En su investigación, los científicos evaluaron a más de 100 participantes que no eran consumidores habituales de café. Les mostraron una serie de imágenes comunes: zapatos, sillas, un patito de hule… cinco minutos después, a la mitad de los voluntarios les dieron 200 mg de cafeína y al resto, un placebo. Todos regresaron 24 horas más tarde y observaron más imágenes de objetos. Se les pidió que calificaran las fotografías como viejas, nuevas o parecidas a las originales que habían visto el día anterior. Sorprendentemente, a las personas que habían tomado café (cafeína, técnicamente) les fue mejor en el test. Para los investigadores, esto “demuestra que la cafeína reforzó el proceso de consolidación cerebral que hizo que esos objetos fueran más permanentes en la memoria”, de acuerdo con un comunicado publicado en el sitio de noticias Health Day. El Dr. David Knopman, profesor de neurología de la Clínica Mayo en Rochester, comentó en Health Day que los resultados son interesantes desde una perspectiva farmacológica: “Plantea algunas preguntas sobre los procesos que intervienen en el aprendizaje y cómo algunas drogas podrían reforzar la capacidad de aprender de las personas normales”. Tal como indica un artículo publicado en la revista Time, es necesario repetir el estudio para sacar conclusiones firmes, aunque no es la primera vez que se vincula a la memoria con la cafeína. ¿Aliado contra el Alzheimer? Una interesante investigación en 124 personas de 65 a 88 años demostró que aquellas que tenían niveles elevados de cafeína en la sangre, desarrollaban la enfermedad de Alzheimer entre 2 y 4 años más tarde que quienes presentaban niveles menores. El estudio fue publicado en 2012 en la revista científica Journal of Alzheimer's Disease. Otra investigación francesa del 2010, publicada en la revista Journal of Alzheimer's Disease, analizó la literatura disponible sobre cafeína y cognición, y concluyó que “no puede ser considerada un potenciador cognitivo puro”, sino que “su acción indirecta sobre la excitación, el humor y la concentración explicaría en gran parte sus efectos potenciadores cognitivos”. En principio beber café puede tener beneficios, sin embargo, recuerda que debes consultar con tu médico antes de ingerir cualquier infusión.

Fuente: Yahoo.Mujer

viernes, 24 de enero de 2014

Ex funcionaria del Banco Mundial Revela Como La Elite Domina Al Mundo

Karen Hudes es graduada de la escuela de leyes de Yale y trabajó en el departamento legal del Banco Mundial durante 20 años. De hecho, fue despedida por revelar información sobre la corrupción dentro del Banco Mundial, su puesto era el de “asesora jurídica superior.” Ella tuvo una perspectiva clara para visualizar como la élite domina el mundo, y la información que está revelando al mundo es absolutamente sorprendente. De acuerdo a Hudes, la élite utiliza un núcleo hermético de instituciones financieras y mega-co rporaciones que dominan el planeta. (Nota completa)

Fuente: del blog "Ojos Abiertos, Sin Temor

lunes, 13 de enero de 2014

Se fue una Miliciana que se le plantó al fascismo

La sonrisa de una miliciana, fusil al hombro, mirando a la cámara en una terraza de Barcelona se convirtió en uno de los iconos más emblemáticos de la Guerra Civil y la resistencia antifascista frente al golpe de Estado que perpetraron militares. Esa sonrisa era la de Marina Ginestà y fue el fotógrafo Hans Gutmann quien la inmortalizó. Casi 77 años después de aquella instantánea, Marina Ginestà ha fallecido este lunes en París a los 94 años. Cuando en verano de 1936 posó orgullosa y desafiante en la terraza del Hotel Colón de Barcelona para Gutmann, ella tenía 17 años, un carné de las juventudes socialistas y el sueño de una revolución. Vestida con un uniforme miliciano, con el cabello al viento, pertrechada con un fusil que portó por primera y última vez en toda su vida, ella vivía un momento histórico, la primera victoria del pueblo en armas frente a los militares alzados contra la República. "Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría rápidamente", afirmaba Ginestà en una entrevista con la Agencia Efe en su domicilio de París en 2008. Como periodista, Ginestà vivió la guerra desde una trinchera militante esforzándose en mantener alta la moral republicana Antes del inicio de la contienda, Ginestà y otros muchos idealistas preparaban la Olimpiada Popular como respuesta a los Juegos Olímpicos que ese mismo año organizaba la Alemania nazi. "Éramos tan ingenuos que pensábamos que el levantamiento militar era contra la Olimpiada popular", aseguraba en dicha entrevista. Hicieron falta muchos días para que aquellos jóvenes entendieran que afrontaban una cruenta guerra que acabaría con sus sueños. Primero como traductora del enviado especial del diario soviético Pravda Mijail Koltsov y luego como periodista de varios medios republicanos, Ginestà vivió la guerra desde una retaguardia militante, esforzándose por mantener alto el ánimo de su bando. "Éramos periodistas y nuestra profesión era que no decayera nunca la moral, difundíamos el lema de Juan Negrín 'con pan o sin pan, resistir'. Y nos lo creíamos", afirma la mujer, convencida ahora de que los datos que contribuía a propagar habían sido falsificados para mantener viva la ilusión de la victoria. De la mano de Koltsov asistió a la entrevista que mantuvo en agosto del 36 con Buenaventura Durruti en la localidad maña de Bujalaroz, una conversación de alto nivel político que Ginestà asegura que costó la vida a ambos, porque Stalin les estaba espiando y no debió apreciar lo que se dijeron. "Teníamos la sensación de que la razón estaba con nosotros y que ganaríamos la guerra" De su trabajo en la retaguardia también conservaba recuerdos duros, como la visita a un hospital barcelonés para identificar cadáveres. "Es el recuerdo más terrible que guardo de la guerra. Por primera vez tuve una idea de la muerte. Vi a una mujer muerta con su hijo en brazos... Todavía hoy me viene a la mente ese recuerdo". Pero los momentos más duros llegaron cuando tuvo que abandonar el país camino del exilio francés, su patria de nacimiento. En el paso de los Pirineos perdió a su novio, comisario político, pocos días antes de reencontrarse con sus padres. La llegada de los nazis les obligó a tomar un barco con destino a América. La nave, que se dirigía al México de Lázaro Cárdenas donde los aguardaban con los brazos abiertos, se desvió para ganar tiempo a la República Dominicana. Ginestá pasó también por Venezuela. Sólo entonces sintió que la guerra estaba perdida. "La juventud, las ganas de ganar, las consignas,... yo me las tomaba en serio. Creía que si resistíamos ganábamos. Teníamos la sensación de que la razón estaba con nosotros y que acabaríamos ganando la guerra, nunca pensamos que acabaríamos nuestras vidas en el extranjero", afirmaba en 2008. La decepción de la derrota, el recuerdo "de los compañeros que se quedaban atrás, muchos de ellos fusilados", se mezclaba entonces con el sueño de que las democracias europeas vencieran al fascismo en la recién iniciada Guerra Mundial. "Dicen que en la foto tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución" "Esperábamos que ganaran la guerra, que en España volviera la República y que Franco fuera fusilado", asegura. Marina Ginestà no conocía la foto del hotel Colón, ni el simbolismo que ésta ha adquirido con el tiempo. La instantánea se encuentra en los archivos de Efe y un documentalista logró hace años descubrir la identidad de la modelo y localizar su paradero. Ella consideró que la imagen tiene algo de artificial. "Dicen que en la foto del Colón tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary Cooper", recordaba entonces. En 1946 se encontraba exiliada en la República Dominicana, cuando tuvo que volver a huir perseguida por el dictador Rafael Trujillo. Se casó en segundas nupcias con un diplomático belga, con el que volvió a Barcelona en los años 1960. Ella misma desconocía la fotografía hasta que la vio por primera vez hace una década.

Fuente: Publico.es

sábado, 4 de enero de 2014

Cumplió 111 años, tiene dos novias y lo único que lamenta es no poder bailar más

Gregorio Mosqueda volvió a lograrlo: llegó a un nuevo cumpleaños, y su sorprendente marca avanzó otra raya más. Desde ayer tiene 111 años, una salud con achaques pero sin grandes amenazas a la vista y una sola queja: que las piernas ya no le respondan como antes a la hora de bailar. "Mi abuelo vivió hasta los 115 y caminaba", dice él, como reclamándole a la naturaleza que no lo haya tratado del mismo modo. Don Gregorio, que vive en el barrio Santa Catalina, de Resistencia, tiene dificultades para moverse, oye poco y ve menos, pero todo lo demás está en orden. "Le hicimos los estudios y está mejor que nosotros, ni colesterol alto tiene", cuenta una de sus hijas. Pero a don Gregorio esa mitad del vaso no parece interesarle tanto como el hecho de que la debilidad de sus piernas le imposibilita ahora bailar un buen chamamé de punta a punta y salir a vagar sin depender de nadie, dos de sus grandes pasiones. Aun así, se las ingenia, y hasta declara tener dos novias, Benancia y Gladys, un par de ancianas del mismo barrio. Es que los amores también fueron –aparentemente- parte de la receta de longevidad de Gregorio. Se casó cuatro veces y tuvo 22 hijos. La lista de nietos está en sesenta, y sigue creciendo. La cifra de bisnietos varía como si la dictara un cuentakilómetros. Nació el 4 de enero de 1903 en Presidencia Roca, en el norte chaqueño. Fue obrero, tropero y lo que la necesidad demandara. Uno de sus hijos lo trajo a Resistencia en los '80. Ninguno de sus hermanos vive ya. Sus padres, paradójicamente, murieron con poca edad. Ella, en su último parto; él a los 66, por una enfermedad. Su rutina diaria va aquietándose año a año. Se levanta a media mañana y se mueve lentamente por la casa. Le gusta mucho escuchar música, y tiene fervorosa devoción por el chamamé. El acordeón le hace vibrar la sangre, aunque los pies se hagan los sordos. Gregorio escucha la radio y toma su agua de yuyos de cada jornada, acaso otra de las razones de tanta existencia andada. De las cosas que extraña, la más querida es la libertad de salir a cualquier hora del día sin tener que dar explicaciones ni pedir ayuda. A sus hijos les dice que él cree que sus piernas están así, adormecidas, porque alguien "le hizo un daño". La creencia norteña en los maleficios dañinos lanzados por terceros sigue siendo muy grande. Los gustos, igual, no faltan. Su familia siempre lo mima y lo agasaja con un buen guiso o con un cerdo asado, su comida favorita. Una de sus hijas lo ayuda con las novias. "A veces las busco el viernes y el domingo vuelven a sus casas", cuenta ella divertida. Gregorio comparte el rato con ellas, de a una por vez. Escuchan algo, toman un jugo fresco, dejan que los ventiladores soplen los recuerdos, escuchan las bromas de los hijos y se ríen. Más vida, imposible.

Fuente: Clarín Digital

miércoles, 1 de enero de 2014

Les dejo la historia de una compañera sobre la Tragedia de Cromañón que los va a estremecer

Se cumplieron ayer nueve años de la masacre de Cromañón. Carla Ricciotti, una compañera de la vida y del trabajo diario y sobreviviente de aquella noche, escribió unas líneas para recordar a Luis Santana, trabajador de Crónica TV que perdió la vida el 30 de diciembre de 2004 junto a otras 193 personas. Compartimos aquí el texto y seguimos exigiendo justicia: 

El deber de no olvidar "Luis Santana vivía en Monte Chingolo, en una casita que alquilaba cerca de sus padres. Trabajaba en "Crónica tv", era redactor, de los que hacen las placas rojas o del color que amerite la situación. Estaba por recibirse de profesor de historia y estudiaba cine. Amaba el cine y la historia y el periodismo y todo lo que le permitiera soñar, expresarse. Le encantaba contar anécdotas de sus viajes a Bolivia y al Machu Pichu con monedas. Estar con sus amigos y reirse hasta las lágrimas. Quemar horas en las librerías de la avenida Corrientes y mirar los partidos de Boca. Tanto le gustaba lo que estudiaba, ¡que iba en bici desde Chingolo al centro para sus clases! También amaba la música, escucharla, ir a recitales. Llegaba fin de año y lo íbamos a pasar en casa de mi familia. Casi convivíamos en Once, a cinco cuadras de la plaza. Dijimos :¿vamos a ver a Callejeros? Compramos las entradas y fuimos. ¡Hacía tanto calor! Caminamos, sólo llevamos las entradas, algo de plata y las llaves de casa. Dejamos las ventanas abiertas y la compu prendida. Íbamos y volvíamos en un par de horas. Pero nunca volvimos. Llegamos sobre la hora, estaba lleno de gente y sólo pudimos ubicarnos en el primer piso para tratar de ver algo. Empezó la música y algo explotó. Prendieron la luz, miré para arriba y el techo, negro, se abría. Se apagó la luz. Nos agarramos de la mano y tratamos de ir al baño, pero no se podía respirar. Nunca llegamos al baño. Creo que hicimos tres o cuatro pasos nada más y Luis me dijo: "no aguanto mas", y se cayó. Me agaché para tantearlo, estaba sentado en una esquinita de dos paredes. Lo abracé y me dormí con él. No es fácil el recuerdo. Duele mucho y estoy sola. Desperté un par de semanas después en el Hospital Fiorito, en terapia, con tubos que me salían por todos lados. Cuando empecé a comprender lo que había pasado, me dijeron que Luis estaba internado en otro hospital. Cuando me dieron de alta, me dijeron que en realidad había muerto esa noche, que no sabían quién me sacó o nos sacó, pero que él no sobrevivió. Luis tenía un hijo, Fidel, en ese momento tenía 9 años. Tenía dos hermanos y una hermana. Tenía a sus padres. A sus cuñadas. En un minuto, todo cambió. Ya nadie más lo tenía a él. Al departamento volví casi un mes y medio después, sólo para poner las cosas en cajas y mudarme. Nunca más volví, no pude. Hoy ya casi no me quedan marcas físicas, las cirugías van arreglando esos detalles. La salud, bien, inflamación crónica en las vías respiratoria y un remedio de por vida. Lo de adentro se complica. No se encuentran respuestas y la Justicia a veces no es tan justa. Pero mis papás, mi hermana y los que me quieren pueden seguir abrazandome. A Luis, como a otras 193 personas, ya nadie las puede abrazar, ni besar, ni esperar a que entren por la puerta como lo hacían siempre. La corrupción mata, los tiempos que necesita la justicia son mucho más largos que los de uno. Sólo queda el deber de no olvidar y de hacer algo para que no se repita".

Fuente: Carla Ricciotti