miércoles, 23 de diciembre de 2015

Humberto Pinheiro, músico


Hace años le saca sonidos sutiles a un hermoso contrabajo chino, y él es oriental. Pero de la Banda Oriental: Humberto Pinheiro (79), uruguayo de Paysandú, para más datos. Su padre Alejandro –ancestros portugueses– tocaba el violín en la radio y en orquestas, su madre Angela –con sangre vascofrancesa– era cocinera de las buenas. Con sus tres hermanos mayores lo trajeron a los 4 años a vivir a San Fernando, pegado al terraplén y siempre con riesgo de inundación. Y fue a sus 6, después de una gran crecida que obligó a toda la familia a instalarse en casa de una “dama de beneficencia”, que los tocó la varita mágica: una amiga de la dueña de casa invitó a su mamá a cuidar una quinta. Estaba pegada a la famosa Sans Souci, de los Alvear. Era de la familia de Alejandro Agustín Lanusse, el general que le devolvió la banda presidencial al peronismo en 1973. Tuvieron de vecino a Balbín, entonces diputado provincial, y entre frutales y mucho fútbol con los amigos vivieron allí seis años, hasta que la quinta se vendió. Los Lanusse le pagaron el colegio San José de Victoria donde hizo la primaria (hoy vive frente a las cúpulas de San José en Balvanera). Se mudaron a Lanús y él cursó primer año en el Joaquín V. González pero largó para trabajar en el Centro y para ir haciéndose pícaro, leal y carismático en la calle. Fue desde cadete en la sede del Rowing Club en la Bolsa de Comercio hasta vendedor de la sastrería Costa Grande , en Corrientes y Esmeralda. En el medio, a los 19 se fue a probar a Lanús y, un par de años antes, había empezado a estudiar el contrabajo con un músico del Colón amigo de su padre y después con Fernando Cabarcos. Desde entonces no paró de tocar. Su debut con el tango fue a los 17 en la confitería Gran Sur, frente a la plaza de Lanús.
Arrancó con el conjunto de Humberto Juárez, luego pasó a la orquesta de Ernesto Tití Rossi, tocó con el cuarteto de Jorge Pracánico, con Lucio Demare y con Troilo. Y en 1966 creó el Tango Trío, un grupo con el que acompañó a infinidad de cantores y recorrió más de 40 países. Ese mismo año se casó con la mujer que lo sigue acompañando y que, todavía, “no entra a la cocina” porque el que cocina –herencia materna– es él. Su placer por la comida lo lleva a reunirse los jueves a mediodía con “Los 10 de Garello”; y su gusto por comunicar el tango, a co-conducir desde hace tres años “Retratos”, los sábados de 6 a 8 de la mañana por la 2x4, FM 92.7.
¿Cuándo tocaste el primer instrumento?
Desde los 5 ya agarraba la guitarra. Y cuando mi viejo se compra el contrabajo, yo tenía un
combinado
muy lindo que sonaba como si estuviera la orquesta ahí. Un día no estaba mi viejo, agarré el contrabajo, puse un tema en el
combinado
y empecé a tocar encima. Tenía 16 años.
¿Qué venías escuchando en ese combinado?
Tango, folclor , y un poco los boleros que les gustaban a mis hermanas.
¿Sabías algo de música?
Nada.
¿Quién se dio cuenta de tu oído absoluto?
Se comentaba, pero yo nunca me la creí. Porque tener oído absoluto es como tener los ojos lindos o la dentadura linda.
Pero a vos te resultó importante.
¿Te imaginás cuántos cantores acompañé? 50, 60, 70. Nunca supe en qué tono cantan el tango, ni me interesó. Escucho y arranco.
¿A qué cantantes acompañaste?
A todos. A Charlo, a Oscar Alonso, al Polaco, a Rivero, a Hugo del Carril, a Ruth Durante, a María Graña, a Floreal... Hasta la acompañamos con el trío a Alba Solís en la película Carne , de Armando Bo y con Isabel Sarli.
¿A quién no pudiste y te hubiera gustado acompañar?
Lógico: Magaldi, Gardel, Corsini.
¿Por qué empezaste con el bandoneón a los 75 años?
Se me ocurrió por la visita de un amigo. Y por la admiración de siempre a los bandoneonistas con los que toqué: Ahumada, Rovira, Mederos, Marconi, Pane, Saluzzi, entre tantos. Todos los bandoneones que pasaron me fueron dejando algo.
¿Qué riqueza le aporta el acompañante al cantor?
Cuando se van entendiendo, le hace un colchón para que el cantor se soporte. Si se juntan es la comunión. Por ejemplo Pepe Trelles con Walter Ríos, o Mamone con Morán.
¿Qué sabor sentís al subir al escenario?
El sabor de la comunicación, de entregar a la gente algo que viene a buscar.
¿Escuchás otras músicas?
Clásico mucho. Ahora Martha Argerich. Y escucho Caruso: tengo grabaciones de él de 1901.
¿Cuál es tu tesoro, además de los dos instrumentos?
Las fotos, que van a tener un destinatario: mis amigos. Y mi discoteca, que va a ser para Del Priore.
¿Sos melancólico?
Total. Romántico.
¿Qué hacés cuando la depresión no te quiere soltar?
Ahora agarro el bandoneón, y antes el contrabajo. O escucho radio. O mis cd. Y la sociabilidad me saca, también.
¿Qué es la música para vos?
Se convirtió desde muy chico –porque ya cantaba en coros del colegio– en una cosa diaria, necesaria.
¿Qué te faltaría hacer?
Creo que mi vida termina con el tango y, si puedo, con la radio.
¿Qué madera tiene que tener el músico de tango?
El respeto a lo que se está haciendo. Y condiciones naturales.
¡Qué valor le das al respeto!
Total. Es pensar en la gente, es ver la necesidad de la gente de la calle.
De los cantantes ¿qué aprendiste en tantos años?
La necesidad del músico autodidacta de acompañar a un hombre, y que el hombre lo acepte, es una enseñanza. Quiere decir que uno está posibilitando un acompañamiento a una persona que le agradece que lo acompañe. Y es importante porque con esa persona graba, convive, viaja, juega.
¿Qué significan los amigos?
Sin los amigos no se podría vivir.
¿Cómo domesticaste tu ego?
Con las necesidades que pasé. Nunca pensé tener un auto cuando era trabajador raso; para mí viajar era el tren y el colectivo, el tranvía o el dedo.
¿Tenés algún lugar favorito en el mundo?
Me gustó mucho la alta montaña de Mendoza. Y París.
¿Qué te alegra el día?
Vivir.
¿Y qué te enoja?
Que me duela algo. Las rodillas, la columna...
¿Algo de lo que te arrepentís?
No haber estudiado música.
¿Seguís con el Tango Trío?
Tengo un proyecto para ir a Zurich. Ya está casi listo.

Fuente: Clarín

martes, 22 de diciembre de 2015

Supuestos 7 trucos científicos para el buen sexo


Practicar ejercicio físico con regularidad sirve para aumentar el nivel de excitación tanto en hombres como en mujeres. “En ellas, puede ayudar a mejorar el flujo sanguíneo en el clítoris y, así, potenciar su función sexual”, detalla Omer Faruk Karatas, investigador de la Universidad Faith, en Turquía. Lo confirmó al analizar a unas 50 mujeres sexualmente activas de entre 20 y 45 años.  
Vestite de rojo 
Un estudio publicado en la Journal of Personality and Social Psychology sugiere que los hombres se sienten más atraídos sexualmente por las mujeres que visten de rojo. Al parecer, ese color puede hacer que se sientan fascinados, se vuelvan más atentos y generosos con ellas. Y lo más interesante: los varones no son concientes del papel que juega el colorado en esta atracción.
Sumá juguetes sexuales
Los “sex toys” no son algo nuevo, pero sí lo es que los médicos los recomienden para mejorar la salud sexual. “Después de la menopausia, el vibrador está indicado para prevenir la sequedad y mejorar la elasticidad de los tejidos vaginales. También lo indicamos como un entrenamiento para que las mujeres adultas se masturben y mejoren su respuesta orgásmica”, dijo Sandra Magirena, ginecóloga y sexóloga del Hospital Álvarez, en una nota de Clarín.
Hacete vegetariana
Consumir soja, tofú y otros alimentos de origen vegetal podría aumentar la actividad sexual, sugiere un estudio realizado por científicos británicos y publicado en la revista Hormones and Behavior. La investigación hizo hincapié en la relación que hay entre los  fitoestrógenos, hormonas sexuales que se encuentran en las plantas, y la conducta de un grupo de monos colobos. Notaron que los primates que comían hojas de Millettia dura, un árbol tropical que está vinculado con la soja, registraban niveles más altos de estradiol (hormona del sexo) y pasaban más tiempo teniendo relaciones.
¡Comprale un cepillo de dientes!
Un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine descubrió que los hombres con inflamación de encías son 3,29 veces más propensos a tener problemas de erección. Por lo tanto, arriesgan que tener los dientes limpios podría ayudar a los varones en el desempeño y rendimiento para tener mejor sexo, sobre todo en aquellos que sufren disfunción eréctil.
Estimulá tu clítoris
Algunas mujeres creen que tienen una disfunción sexual porque tienen orgasmos a solas pero no cuando están en pareja. “Nos enseñaron que para satisfacer a una mujer lo principal es la penetración. Muchas mujeres compran esta mentira machista y se la pasan esperando la llegada del príncipe que las despierte de su anorgasmia”, dijo a Clarín Adrián Helien, médico psiquiatra y sexólogo del Durand. “Sin embargo, hay un hecho científico contundente: alrededor del 70% de las mujeres necesitan estimulación de la zona del clítoris para alcanzar el orgasmo”, concluye,
Relajate y goza
“La sexualidad humana es tan compleja que múltiples situaciones pueden afectarla y transformarla”, explica el doctor Néstor Daffinoti, sexólogo y asesor médico del Boston Medical Group para Argentina. Y pone el foco en algunos cambios sociales que nos afectan: “el bombardeo de contenidos explícitos (TV, Internet, revistas, etc.) puede generar un nivel de exigencia o autoexigencia que redunde en forma negativa generando disfunción eréctil, problemas de eyaculación precoz y hasta pérdida del deseo sexual”, detalla. ¿Su consejo? Consultar a un especialista ante la primera aparición de alguna dificultad para mantener relaciones sexuales.
Fuente: EntreMujeres

lunes, 21 de diciembre de 2015

No todos quieren al Indio Solari


Antes y después del recital récord del Indio Solari en Mendoza, todos hablaron de él. Aunque recibió elogios al por mayor, hubo una crítica que llamó la atención.Y es que Eduardo de la Puente le dio duro y parejo en Rock and Pop, antes del recital: “Me parece que al Indio la gente le chupa un huevo, es un personaje un poco extraño. Esa cuestión paranoica de encierro, absolutamente fóbica. Es más fobia que paranoia, sino no se subiría a un escenario. Fijate qué paradoja, por un lado tiene la cosa esa de antisocial y de rechazo por el resto de la humanidad y por otro convoca cientos de miles de personas. Está bien, se los pone a 10 metros...". El ex CQC no usó eufemismos para hablar del artista: "El Indio tiene que ver con un fenómeno social muy raro, por un vacío que dejó la separación de los Redondos, que para mí fue lo peor que le pasó al rock argentino. No por los Redondos sino por todos los que vinieron a llenar ese vacío después. Suponete que el día de mañana se muere Sir Paul McCartney, vas a ir a ver a Ringo Star porque es el único que te queda, en este caso pasa lo mismo". De la Puente también habló de la música de Solari: “No pinta un hit como Jijiji o La bestia pop, no hay nada de eso en la música del Indio, y hay una oscuridad terrible, una encriptación enorme, una cosa de industrialidad, y la gente pareciera que está viendo a los Stones en el ’73. Yo sé que no pasa por la música, pasa porque ‘loco, vamos a ver al Indio’, esa mierda que pintó de la misa en el rock, esta cosa de ‘ah, la devoción’. ¡Y es un músico, la puta que te parió! Caga, y ojalá pague los impuestos como yo”. Además, el periodista le dejó un mensaje a los seguidores del Indio: "Está buenísimo lo que hace pero, a vos no te quiere, sabelo. No le interesás, aunque te creas lo contrario. Y si me están justificando la calidad de un artista porque lleva 120 mil personas, Agapornis lleva más gente que el Indio, Violetta lleva más gente".

Fuente: Ciudad.com

sábado, 19 de diciembre de 2015

Vera Fogwill: “La muerte es un tabú”


Excesiva” es la palabra talismán en la que coinciden los que ya la leyeron para adjetivar a Buenos, limpios & lindos , la primera novela de Vera Fogwill. Y el exceso es aquí un plus, un generoso superávit de sentido: ese plus está en la prosa, que conjuga con desparpajo lo hiperliterario, lo lúdico, lo oral, lo especulativo y lo visual; está también en la trama, que despliega un grupo de personajes que mueren el mismo día y cuyas vidas, como en un flashblack inmediato, se cuentan hacia atrás porque esa muerte les dio entidad y les confirió un lugar en este libro. Todo lo que podamos agregar sería redundante o reduccionista, y en definitiva absurdo pretender resumir un libro tan vasto, así que pasemos directo a sus palabras.
¿Cómo encontraste la estructura y el tono del texto?
Lo principal quizá sea que nunca me propuse escribir una novela. Hace unos ocho años empecé a trabajar en un guión cinematográfico, muy tranquila. Venía poniendo el foco a determinados temas que me interesaban y trataba de capturar todo lo referido a eso que me brindaba la realidad. Lo primero que apareció entonces fue el tema: el objeto de conflicto, la era de la crueldad. Aparecieron entonces los personajes adolescentes, uno me llevaba al otro por su antagonismo. Tenía claro lo que les pasaba, el principio y el final de cada historia y así empecé a desarrollar ese guión. Después, por cuestiones de la vida, maternidad y trabajos de los que vivo, ese guión quedó guardado por varios años. Pero seguía enfocada en el tema y seguía pensando en los personajes, agregando cosas, escribiendo de a poco.
La historia no te soltaba.
Claro, había de hecho cierta pulsión para escapar de eso, pero no podía, todo ese universo estaba presente. Hace unos tres años me di cuenta de que en ese tiempo había desarrollado mucho material sin darme cuenta. Sentí que tenía que terminarlo, pero para una película estaba excedida de tiempo. Lo bueno de haber empezado como guión es que la idea de un rompecabezas en la estructura me había llevado tiempo de ingeniería.
Me intriga sobre todo esa ingeniería, ¿cómo vas armando el mapa de una novela con tantos personajes y tantas historias?
Suelo trabajar con papeles de afiche que voy pegando uno al lado del otro y terminan siendo largos como un pergamino. En ellos coloco todo lo que está en la historia en un desglose desde el principio hasta el final, pongo a los personajes por gamas de colores y a las situaciones les pongo notas musicales. Luego lo estudio. Veo qué desentona o los problemas que hay en las subtramas. En este caso, pasé luego de esa etapa a algo más organizado porque a veces tanta partitura me trae caos y armé un Excel con todos los personajes y todas las fechas, colocando allí todo lo que les sucedía. Eso me permitió hacer la línea de los cruces entre ellos, y ver qué situaciones obligatoriamente tenía que narrar antes que otras. A veces no podía resolverlo y me alejaba, me quedaba un mes, dos, pensando cómo resolver eso y una vez resuelto, pasaba a otro problema nuevo. Es apasionante el trabajo en la estructura para mí, pero no lo puedo hacer si no tengo todo el contenido antes. Comencé a angustiarme y bloquearme y me di cuenta de que era porque la obra cinematográfica, es decir un guión, no tiene valor en sí salvo que se filme. Y poner el foco en hacer una película no me interesaba. Un día, quizás con la idea de que la obra termine de una vez, decidí cambiar de formato y lo pasé a relato. Ahí agregué la narradora, que para el guión de cine no era necesaria. Cuando terminé me di cuenta de que había escrito una novela.
La narradora es fan de Cerati y cita letras de canciones. ¿Por qué Cerati y no otro?
Fue genuino. Mientras escribía la novela pensaba mucho en Cerati y sabía que eso venía porque estaba trabajando sobre el tema del estado entre la vida y la muerte. En aquel entonces hacía un año que Cerati estaba en coma. No puedo escuchar música mientras escribo si tiene letra. Pero hago parates. Y en esos parates necesito escuchar música y como Cerati venía a mi mente, volví a viejas canciones que acompañaron mi vida, suyas o de Soda. Y fue así como de golpe sus letras se me resignificaron y creo que me impresioné. A la vez ya tenía definido que ese personaje era una fan y su vida giraba alrededor de otro. Como todos en la novela giran alrededor de lo que no tienen. Entonces, pensé que podía ser fan de Cerati y así escribí el primer diálogo con una letra. En toda la novela además tomé cosas de la realidad y las crucé con la ficción, porque es la dramaturgia que a mí más me fascina, y preferí dejarlo.
Decías que el texto iba a ser un guión, ¿cómo te parece que se podría filmar este libro?
La verdad, no pienso en filmar la novela. Pero sí pienso que lo más importante para llevar esta novela al cine serían los actores y la dirección de actores. Porque sin emociones no tendría sentido y eso es lo más difícil de crear y de transmitir y es donde yo puse el foco. Lo otro es lo de menos en esta historia.
El eje de la novela es, en cierto sentido, la muerte, porque atraviesa todas las historias. ¿Te pesó en lo personal estar tanto tiempo trabajando alrededor del tema de la muerte, o pudiste despegarte?
Yo trabajé sobre sus vidas. No sobre sus muertes. Las muertes son el desenlace y decidí empezar desde ese lugar para poder invertir la idea de la vida. Es decir: mueren, después viven. La narradora, que es el personaje que realmente ahonda en el estado de muerte en lo que profundiza en verdad es en un estado de imposibilidad. Y yo me aferré a esa idea de que la muerte es un estado de imposibilidad, igual que la vida. Es decir, que la vida puede ser vivida como una continua muerte. Todos los personajes tienen un deseo y ese deseo no sólo no se cumple si no que les va imposibilitando vivir. A mí no me da miedo mi muerte, me da mucho más miedo la vida. Ese abismo donde todo puede pasar. Quizás porque abro los ojos, la veo y me parece cruel.
¿Es distinto el modo de abordar la muerte en el teatro, el cine o la literatura?
Mirá, cuando hacía teatro, era muy clara la idea de que un actor actúa para perderle el miedo a la muerte. Incluso cuando al final su personaje muere y uno lo interpreta todas las noches. Nadie le pregunta a un actor si no le da miedo interpretar su muerte todas las noches. Lo aplauden. Pero escribir sobre la muerte es un tabú. Mi vinculación con el arte, o con la creación, está puesto en la búsqueda de un estado donde me olvido de mí. Y paradójicamente me salva de mis grandes temores, así esté sumergida en ellos. Por lo tanto, sufrí bastante, pero no por lo que estaba escribiendo, por la vida que no es nada fácil para nadie.

Fuente: Revista Ñ

viernes, 18 de diciembre de 2015

Lo que se ocultó sobre San Martín


"Estas tres figuras, morenas, velludas, de aspecto dominante, sobre todo la de San Martín, tan gallarda que hace pensar en Dugommier y en Kléber [generales franceses], formaban violento contraste con el tinte lechoso, lustroso, lamido de los fashionables belgas e ingleses". Este párrafo pertenece a un artículo titulado Los exiliados de Bruselas, publicado en 1829 en la Revue de Paris [reproducido por José Luis Busaniche en su libro San Martín vivo] y es parte del relato de un columnista sobre un encuentro en la capital belga con "el Libertador del Perú, San Martín", en un baile, en el cual éste se hallaba en compañía de otros dos amigos. El autor de la nota agrega: "San Martín es, sin duda alguna, uno de los hombres más completos que puedan encontrarse: militar excelente, espíritu elevado, carácter firme, buen padre a la manera burguesa, hombre de fácil acceso y de un atractivo personal irresistible. Resulta inexplicable el reposo a que se ha condenado en pleno vigor de su edad y de su genio".
Esta cita muestra dos cosas: primero, que San Martín era una celebridad internacional en vida, ya que nos encontramos en el año 1829 y el Libertador vivió hasta 1850. Y segundo, que ya entonces, resultaba difícil de entender el retiro de un hombre como él del escenario de las hazañas que le habían valido la gloria.
La historia oficial presenta sin embargo tanto el "renunciamiento" de San Martín (su retirada del Perú luego de la célebre y misteriosa Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, en 1822), como su "ostracismo" (su partida hacia Europa en 1823) como sucesos naturales, encomiables, casi felices. "Abdicó conscientemente al mando supremo en medio de la plenitud de su gloria, si no de su poder, sin debilidad, sin cansancio y sin enojo, cuando comprendió que su tarea había terminado y que otros podían continuarla con más provecho para la América. Se condenó deliberadamente al ostracismo y al silencio, no por egoísmo ni cobardía, sino en homenaje a sus principios morales y en holocausto a su causa".
Este alambicado párrafo de Bartolomé Mitre –en su Historia de San Martín, considerada como fundacional- deja demasiado sin explicar. Pasa por alto el choque de personalidades con Simón Bolívar, los posteriores juicios –críticos- de San Martín sobre el venezolano-, o la falta de apoyo de Buenos Aires a la campaña al Perú –varias veces solicitado y varias veces negado.
 Ni silencio ni ostracismo
 Tampoco es cierto lo del "silencio" al cual se habría condenado San Martín. Desde Europa mantuvo correspondencia con muchos amigos, intentó regresar a Buenos Aires en 1829, ofreció nuevamente sus servicios cuando el Río de la Plata fue víctima del bloqueo anglo-francés, intervino ante las autoridades de Francia en la misma ocasión para abogar por la independencia de las Provincias Unidas.
Por otra parte, todos los sudamericanos que viajaban a Europa iban a verlo, tenía una activa vida social, tanto en la colonia de exiliados americanos como en la sociedad europea y hasta fue recibido con honores en la Corte de París. Y en una ocasión, estando en Europa, se cruzó con Rivadavia y quiso batirse a duelo con él y sólo desistió por el insistente ruego de sus amigos.
De modo que eso del ostracismo voluntario, el silencio y la ausencia de enojo forma parte del "relato" de Bartolomé Mitre y tiene por finalidad borrar ciertos episodios de la vida de San Martín, no para cuidar la imagen del prócer –como sostienen algunos- sino para no dañar -todavía más- la de sus adversarios, enemigos y detractores  de la época.
Con este fin, se nos legó un San Martín sin conflictos ni enemigos y atento sólo a las batallas. Un hombre con motivaciones de orden más místico que político. Esta "operación" la inició, como vimos, Mitre, con gran éxito, ya que casi todos los historiadores que vinieron luego siguieron esa línea.
Por eso es sorprendente que aún hoy haya quienes crean que su biografía es una apología de San Martín. Habrá que pensar que no la leyeron con suficiente atención, porque en realidad en ella se escinde en dos al Libertador: se exalta la obra militar y se desprecia, critica o bien omite la obra política. ¿Cómo explicar si no el siguiente párrafo?: "Estos dos hombres [San Martín y Belgrano], que tan mal comprendían las necesidades de su época y tan mal representaban moralmente la opinión dominante del pueblo en cuanto a la forma de gobierno [por ser monárquicos], fueron, empero, las dos robustas columnas en que se apoyó el Congreso de Tucumán, los verdaderos fundadores de la independencia argentina...".
 Perseguido y vigilado
 Esta cita expone la contradicción de la operación que hace Mitre: como no tiene más remedio que reconocer la gesta y el aporte de San Martín a la emancipación de las Provincias Unidas, Chile y Perú, pero no puede admitir que lo hizo sin el apoyo y en algunos casos contra la opinión de su prócer favorito que es el porteñista Bernardino Rivadavia, un hombre que prefería gastar los fondos de la aduana en embellecer las plazas de Buenos Aires antes que enviar refuerzos al Libertador al Perú o a Martín Güemes en el norte, entonces el historiador opta por presentarnos la imagen de un San Martín soldado brillante pero político mediocre.
Esta tendencia la continuaron con ahínco sus seguidores. Al punto que las cartas que San Martín escribió a algunos de sus amigos, como Tomás Guido y Bernardo O'Higgins, en las cuales se quejaba amargamente de Rivadavia, responsabilizándolo por la persecución y vigilancia de que fue objeto a su regreso del Perú, o señalándolo como uno de los autores intelectuales del asesinato de Dorrego, fueron prolijamente censuradas en la edición de los Documentos de San Martín, realizada por el Museo Mitre. Los censores no tuvieron ni siquiera la delicadeza de poner líneas de puntos para indicar la ausencia de ciertos párrafos.
Y es imposible saber hasta dónde llegó el escamoteo, considerando que, contra la voluntad de San Martín, que quería legar su archivo personal a Tomás Guido, éste le fue entregado a Mitre...
Todos los acontecimientos políticos que hoy valoramos como cruciales en la lucha por la independencia, tuvieron a San Martín como artífice: la revolución de 1812 contra un gobierno –el primer Triunvirato- que había olvidado que su misión era consolidar la independencia y fundar una nueva Nación; la gobernación de Cuyo, decisiva para direccionar los esfuerzos hacia el cruce de los Andes y la campaña a Chile; el Congreso de Tucumán, donde un puñado de patriotas, en un contexto continental y mundial adverso, quemó las naves declarando la Independencia.
Esto vuelve más absurdo aún el subterfugio de elogiarlo como soldado y negarlo como político; un sinsentido, ya que no existe hazaña militar como la de San Martín sin una concepción política superior que la sustente.
 El traslado de la capital
 No sin ironía, un polemista del siglo pasado decía que estos historiadores habían querido convertir a San Martín en "el tonto de la espada". Es que, en la versión mitrista, San Martín hacía las campañas militares mientras la elite porteña construía la Nación. Para sostener esta falacia, había que borrar en la biografía del prócer las polémicas, los conflictos y, sobre todo, las calumnias y la persecución de que fue objeto por parte de los rivadavianos.
Como reacción a esta historia oficial, cierto revisionismo intentó construir un San Martín federal, alineado con Artigas y los demás caudillos provinciales. Esto tampoco se ajusta a la verdad. Es imposible encuadrar a San Martín en la dicotomía unitarios versus federales, porque no estaba apegado dogmáticamente a una forma de gobierno determinada. Su objetivo era la independencia, pero también la unidad. Por eso propició gobiernos fuertes, en lo posible unipersonales, que creía eran los más adecuados para la situación de dispersión y anarquía de las colonias hispanas en aquellos años. En ese sentido no tuvo prurito en proponer una monarquía –constitucional por supuesto- si ello permitía poner fin a la guerra civil y asegurar la soberanía de las incipientes naciones.
Pero aunque no fue proclive al federalismo, tampoco participó en la guerra contra los caudillos, cultivó la amistad de varios de ellos –Güemes, Bustos- y hasta propuso trasladar la capital de las Provincias Unidas al interior.
Su temprano alejamiento del suelo natal, su formación en un medio –el militar- que en la España de entonces estaba a la vanguardia de las ideas y de las novedades, lo pusieron a salvo de los sentimientos localistas y sectarios que tanto pesaron en las guerras civiles posteriores a la Revolución de Mayo. La experiencia vivida en Europa lo llevó a concebir "soluciones" para enfrentar la dispersión geográfica, la disparidad socio-económica y el subdesarrollo político. Las logias fueron la herramienta para hegemonizar la opinión política y unificar el mando. La monarquía, la solución para unir a los pueblos y asegurar la existencia independiente de la Nación. Pero, a diferencia de los unitarios, San Martín respetó a las provincias y no planteó jamás la supremacía porteña.
 Una gloria que resiste cualquier revisión
 Frente a la presentación de un San Martín lavado y ajeno a todo conflicto, existe también una reacción pretendidamente desmitificadora, consistente en negar o relativizar sus méritos. Una tendencia de moda es la de atribuir el lugar que San Martín ocupa en la historia a una "construcción", un "relato", una "invención" de historiadores. Es algo lógico en un momento como el actual que se caracteriza por un debate político vaciado de valores y de convicciones, hundido en un pragmatismo grosero.
Pero en realidad, además de que la crónica de la época demuestra que San Martín fue reconocido en vida (ver la Necrológica que le dedicaron en Francia) –aunque en su propia Patria el agradecimiento oficial se haya demorado-, si se llenan las lagunas dejadas por la historia oficial, si se revisa la acción política y estatal de San Martín, si se iluminan las polémicas en las que se vio envuelto, el resultado no hará sino engrandecerlo.

Fuente: Clauda Peiró para Infobae

jueves, 17 de diciembre de 2015

“Sin Confucio ni Mao, no quedó nada más que el dinero”


“Fue culpa mía, el chef no era chino”, dice el escritor Qiu Xiaolong (Shangai, 1953) sobre su malograda experiencia en un restaurante oriental porteño. Por suerte, se desquitó con los churros. “Son parecidos a los nuestros, me gustaban mucho de chico”, recuerda. Poeta, traductor y amante de la buena cocina, como su personaje el inspector jefe Chen Cao, el escritor dice que en comida china no pasamos de lo que para ellos es fast food. Xiaolong vive en los Estados Unidos, donde emigró tras la masacre de Tiananmen, aprovechando una beca para estudiar a T. S. Eliot. Aún así, y siendo un aplomado crítico de la realidad socio política de su país, vuelve a China un par de veces al año. Lo dejan. Allí, sus libros llegan censurados, sin fechas, nombres ni contextos precisos, pero mantienen el tono de oscuro retrato sobre la acelerada transición político económica de la segunda potencia mundial. Habla del pasado, sufre y analiza la Revolución cultural (impulsada por Mao en 1966) que signó la persecución de su familia, pero sobre todo, marca las contradicciones de una economía de mercado imparable en un sistema unipartidista cuyos crujidos son minimizados por el trepidante crecimiento económico. Devenido en una de las estrellas del festival de novela policial BAN! Xiaolong, dio charlas y presentó su última novela traducida al español, El crimen del lago (Tusquets), que se suma a títulos como El caso Mao o Muerte de una heroína roja, policiales sociológicos con el tono particular de un poeta que cruza a Confucio con sus versos modernos.
-¿Se considera un escritor americano?

-Chino y americano, pero ni lo uno ni lo otro.
-Como usted, el protagonista de sus novelas es poeta y traductor, pero trabaja de policía. Muestra su insatisfacción discursivamente, pero al actuar no se aparta del sistema, ¿sufrió usted esa misma contradicción?

-Sí, antes de irme a EE.UU. soñaba con la posibilidad de hacer algo en China para quedarme en el sistema, cambiarlo desde adentro. Creí eso un tiempo, pero luego entendí que en China son otros quienes lo hacen todo, y a veces tienes que comprometerte, moverte en un área gris. Quería que mi personaje hiciera algo y al mismo tiempo que sobreviviera, por eso es un anti héroe.
-Sobrevive porque siempre evalúa los riesgos, pero usted los cuenta, y va más allá… 
-Hasta hace unos años, cuando iba a China, tenía sentimientos encontrados. Veía todos los problemas, pero por otro lado, veía la mejora económica. En la ciudad de Shangai, cada año ves nuevas autopistas, y las condiciones de vida mejoran para la mayoría de la gente. Muchos intelectuales chinos veíamos esa dualidad. Pero un intelectual debería ser más cínico, más pesimista, descreer de esta clase de futuro. La parte económica va bien, pero los problemas políticos y sociales cada vez son más.
-Por las tradiciones de una sociedad milenaria, ¿el capitalismo chino podría ser distinto al estadounidense?

-Sí, es diferente. Hay una expresión oficial usada en los diarios, dicen que es capitalismo primitivo, eso significa que no es materialista, y también que es menos humano. En este país, puedes hacer cualquier cosa con tal de obtener beneficios. Pero eso no es todo, en términos de ideología política no tenemos un sistema legal confiable, eso es un problema, porque acá o en EE.UU. el sistema es legalmente confiable, al menos puedes ver algo de justicia. Pero en China, si algo envuelve al partido comunista, si amenaza su posibilidad de mantenerse en el poder, es un secreto a voces que no pasará de ahí.
-Es paradójico. China es un país comunista amenazado por la lucha de clases, dicho en términos marxistas… 
-Gran paradoja.
-¿Cómo se puede resolver esa contradicción?

-Esa es una buena pregunta. Están resucitando las ideas de Mao, alguna gente incluso dice: “La Revolución cultural, bien!”. Y con Mao, todo el país era pobre.
-Sus novelas son críticas con la revolución cultural, pero nostálgicas de los primeros tiempos del comunismo, ¿es una idea mía?

-Creo que tienes razón, pero no se trata exactamente de nostalgia. Durante muchos años el pueblo chino creyó en Confucio. Había algo en qué creer y eso le daba un sentido a todo lo que hacías. Después de que el Partido Comunista tomara el poder en 1949 la gente creyó en Mao, en Marx, y otra vez, no importaba si estaba bien o mal, pero al menos creías en algo. Tras la revolución cultural ¿en qué se podía creer? Sin Confucio ni Mao, no quedó nada más que el dinero. Creo que la gente debería creer en algo, uno debería tener algún tipo de sistema de valores, pero en China todo corre al ritmo del dinero y el beneficio.
-En sus libros esa oscuridad es evidente, ¿qué le dicen los lectores chinos?

Primero, no tienen acceso a las versiones sin censurar de mis libros; segundo, soy consciente de que hay un cambio entre los lectores. Cuando mi primer libro fue traducido al chino, hace como diez años, muchos se enojaron, pensaron que solo escribía sobre las partes oscuras de la sociedad, que debería escribir de todos los logros obtenidos por China, pero este tipo de opiniones cada vez son menos, y ahora me dicen que hice un trabajo muy honesto, así es como la gente empieza a cambiar, es algo, y me gusta.
- Después de la Revolución cultural, Deng Xiaoping introdujo la economía de mercado en un marco ideológico comunista… -Xiaoping introdujo el mercado. Cuando yo era chico, los libros de la escuela contaban que eso era la explotación de la clase obrera, y ahora es simplemente algo más. En tiempos de Mao todo era del Estado, ahora es como acá, hay compañías del estado, compañías privadas… y tienes tu propia casa o departamento, muchas cosas son incluso más capitalistas que en los Estados Unidos. Pero ideológicamente aún hay un sistema unipartidista que controla todo. Sucede con los medios, no puede haber otras voces.
-Pero el sistema no puede controlar Internet
Exacto, aunque el gobierno chino pone mucho dinero para hacerlo. El título en francés de mi nuevo libro de esta serie (sin traducción al español) es Cyber China. La gente toma de Internet la información pese a las trabas del gobierno, que en cierto modo, son efectivas. Voy a China una o dos veces por año y no puedo usar Google o Facebook, no te lo permiten. Claro que hay gente que igual accede, los hackers, si lo necesitas, pero tengo que ser muy precavido, así que no los uso.
Fuente: Clarín