sábado, 19 de diciembre de 2015

Vera Fogwill: “La muerte es un tabú”


Excesiva” es la palabra talismán en la que coinciden los que ya la leyeron para adjetivar a Buenos, limpios & lindos , la primera novela de Vera Fogwill. Y el exceso es aquí un plus, un generoso superávit de sentido: ese plus está en la prosa, que conjuga con desparpajo lo hiperliterario, lo lúdico, lo oral, lo especulativo y lo visual; está también en la trama, que despliega un grupo de personajes que mueren el mismo día y cuyas vidas, como en un flashblack inmediato, se cuentan hacia atrás porque esa muerte les dio entidad y les confirió un lugar en este libro. Todo lo que podamos agregar sería redundante o reduccionista, y en definitiva absurdo pretender resumir un libro tan vasto, así que pasemos directo a sus palabras.
¿Cómo encontraste la estructura y el tono del texto?
Lo principal quizá sea que nunca me propuse escribir una novela. Hace unos ocho años empecé a trabajar en un guión cinematográfico, muy tranquila. Venía poniendo el foco a determinados temas que me interesaban y trataba de capturar todo lo referido a eso que me brindaba la realidad. Lo primero que apareció entonces fue el tema: el objeto de conflicto, la era de la crueldad. Aparecieron entonces los personajes adolescentes, uno me llevaba al otro por su antagonismo. Tenía claro lo que les pasaba, el principio y el final de cada historia y así empecé a desarrollar ese guión. Después, por cuestiones de la vida, maternidad y trabajos de los que vivo, ese guión quedó guardado por varios años. Pero seguía enfocada en el tema y seguía pensando en los personajes, agregando cosas, escribiendo de a poco.
La historia no te soltaba.
Claro, había de hecho cierta pulsión para escapar de eso, pero no podía, todo ese universo estaba presente. Hace unos tres años me di cuenta de que en ese tiempo había desarrollado mucho material sin darme cuenta. Sentí que tenía que terminarlo, pero para una película estaba excedida de tiempo. Lo bueno de haber empezado como guión es que la idea de un rompecabezas en la estructura me había llevado tiempo de ingeniería.
Me intriga sobre todo esa ingeniería, ¿cómo vas armando el mapa de una novela con tantos personajes y tantas historias?
Suelo trabajar con papeles de afiche que voy pegando uno al lado del otro y terminan siendo largos como un pergamino. En ellos coloco todo lo que está en la historia en un desglose desde el principio hasta el final, pongo a los personajes por gamas de colores y a las situaciones les pongo notas musicales. Luego lo estudio. Veo qué desentona o los problemas que hay en las subtramas. En este caso, pasé luego de esa etapa a algo más organizado porque a veces tanta partitura me trae caos y armé un Excel con todos los personajes y todas las fechas, colocando allí todo lo que les sucedía. Eso me permitió hacer la línea de los cruces entre ellos, y ver qué situaciones obligatoriamente tenía que narrar antes que otras. A veces no podía resolverlo y me alejaba, me quedaba un mes, dos, pensando cómo resolver eso y una vez resuelto, pasaba a otro problema nuevo. Es apasionante el trabajo en la estructura para mí, pero no lo puedo hacer si no tengo todo el contenido antes. Comencé a angustiarme y bloquearme y me di cuenta de que era porque la obra cinematográfica, es decir un guión, no tiene valor en sí salvo que se filme. Y poner el foco en hacer una película no me interesaba. Un día, quizás con la idea de que la obra termine de una vez, decidí cambiar de formato y lo pasé a relato. Ahí agregué la narradora, que para el guión de cine no era necesaria. Cuando terminé me di cuenta de que había escrito una novela.
La narradora es fan de Cerati y cita letras de canciones. ¿Por qué Cerati y no otro?
Fue genuino. Mientras escribía la novela pensaba mucho en Cerati y sabía que eso venía porque estaba trabajando sobre el tema del estado entre la vida y la muerte. En aquel entonces hacía un año que Cerati estaba en coma. No puedo escuchar música mientras escribo si tiene letra. Pero hago parates. Y en esos parates necesito escuchar música y como Cerati venía a mi mente, volví a viejas canciones que acompañaron mi vida, suyas o de Soda. Y fue así como de golpe sus letras se me resignificaron y creo que me impresioné. A la vez ya tenía definido que ese personaje era una fan y su vida giraba alrededor de otro. Como todos en la novela giran alrededor de lo que no tienen. Entonces, pensé que podía ser fan de Cerati y así escribí el primer diálogo con una letra. En toda la novela además tomé cosas de la realidad y las crucé con la ficción, porque es la dramaturgia que a mí más me fascina, y preferí dejarlo.
Decías que el texto iba a ser un guión, ¿cómo te parece que se podría filmar este libro?
La verdad, no pienso en filmar la novela. Pero sí pienso que lo más importante para llevar esta novela al cine serían los actores y la dirección de actores. Porque sin emociones no tendría sentido y eso es lo más difícil de crear y de transmitir y es donde yo puse el foco. Lo otro es lo de menos en esta historia.
El eje de la novela es, en cierto sentido, la muerte, porque atraviesa todas las historias. ¿Te pesó en lo personal estar tanto tiempo trabajando alrededor del tema de la muerte, o pudiste despegarte?
Yo trabajé sobre sus vidas. No sobre sus muertes. Las muertes son el desenlace y decidí empezar desde ese lugar para poder invertir la idea de la vida. Es decir: mueren, después viven. La narradora, que es el personaje que realmente ahonda en el estado de muerte en lo que profundiza en verdad es en un estado de imposibilidad. Y yo me aferré a esa idea de que la muerte es un estado de imposibilidad, igual que la vida. Es decir, que la vida puede ser vivida como una continua muerte. Todos los personajes tienen un deseo y ese deseo no sólo no se cumple si no que les va imposibilitando vivir. A mí no me da miedo mi muerte, me da mucho más miedo la vida. Ese abismo donde todo puede pasar. Quizás porque abro los ojos, la veo y me parece cruel.
¿Es distinto el modo de abordar la muerte en el teatro, el cine o la literatura?
Mirá, cuando hacía teatro, era muy clara la idea de que un actor actúa para perderle el miedo a la muerte. Incluso cuando al final su personaje muere y uno lo interpreta todas las noches. Nadie le pregunta a un actor si no le da miedo interpretar su muerte todas las noches. Lo aplauden. Pero escribir sobre la muerte es un tabú. Mi vinculación con el arte, o con la creación, está puesto en la búsqueda de un estado donde me olvido de mí. Y paradójicamente me salva de mis grandes temores, así esté sumergida en ellos. Por lo tanto, sufrí bastante, pero no por lo que estaba escribiendo, por la vida que no es nada fácil para nadie.

Fuente: Revista Ñ